(Roberto de MatteiAdelante la Fe, 30 octubre 2019)

¿En qué ha consistido, y a dónde nos llevará, el Sínodo de la Amazonia? Para responder a esta pregunta no podemos limitarnos a hacer un análisis del documento final  votado el pasado 26 de octubre. El sínodo panamazónico forma parte de un proceso que es preciso considerar en la gradualidad  de sus etapa sy en su contexto, incluido el mediático, para entender su objetivo   último: la redefinición de los sacramentos y del sacerdocio jerárquico; la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados y mujeres diaconisas; y sobre todo la promoción de una nueva cosmología eco-indigenista y cultos idolátricos en el seno de la Iglesia Católica.

Por lo que se refiere a los documentos redactados en los últimos meses, las fases concatenadas entre sí de este proceso, en el que cada etapa esclarece la anterior y anuncia una nueva, son: el documento preparatorio del 8 de junio de 2018, el Instrumentum laboris del pasado 17 de junio, el documento sinodal de este 26 de octubre de 2019 y, por último, la exhortación postsinodal cuya publicación ha anunciado Francisco para antes de fin de año, mucho antes de lo previsto.  Igual importancia reviste el contexto en el que se ha llevado a cabo el Sínodo. El propio documento final, en su primer punto, pone de relieve la importancia de este aspecto y recuerda que «fuera del aula sinodal hubo una presencia notable de personas venidas del mundo amazónico que organizaron actos de apoyo en diferentes actividades, procesiones, como la de apertura con cantos y danzas acompañando al Santo Padre, desde la tumba de Pedro al aula sinodal. Impactó el vía crucis de los mártires de la Amazonía, además de una masiva presencia de los medios de comunicación internacional».

Se puede hablar, por tanto, de un espíritu del Sínodo que se ha cernido sobre éste, del mismo modo que se habla de un espíritu del Concilio Vaticano II, que está asociado asus documentos y constituye la clave para interpretarlo. El símbolo de ese espíritu amazónico ha sido la imagen de la Pachamama, diosa pagana de la Tierra y la fertilidad, que el propio papa Francisco ha querido defender contra unas supuestas ofensas. Según el documento sinodal, «la sabiduría de los pueblos ancestrales afirma que la Madre Tierra tiene rostro femenino» (nº 101) y la Iglesia de rostro amazónico se construye mediante el diálogo con las religiones indígenas y las afrodescencientes, que «merecen ser conocidas, entendidas en sus propias expresiones y en su relación con el bosque y la Madre Tierra» (nº 25).

La imagen de Pachamama, la Madre Tierra de las poblaciones amerindias, apareció el pasado 4 de octubre en los jardines vaticanos, en la víspera de la inauguración del Sínodo, durante una ceremonia que tuvo lugar en presencia del papa Francisco y de cardenales y obispos que es posible ver íntegramente en video. El pasado día 7, el ídolo entró en procesión en la basílica de San Pedro, donde fue objeto de un nuevo homenaje por parte del Papa y los padres sinodales. Uno de los principales artífices del Sínodo, el teólogo germano-brasileño Paulo Suess, ha declarado que «aunque fuera un rito pagano, lo que se ha realizado es un culto de adoración. Un rito siempre tiene que ver con la adoración, y no poder cerrar los ojos a la realidad» (https://www.vaticannews.va/de/vatikan/news/2019-10/amazonien-synode-paolo-suess-indigenen-ritus-wert-zeit-kinder.html). Las estatuillas de la Pachamama fueron posteriormente instaladas en la Iglesia de Santa Maria in Transpontina, donde cada día se celebraban ritos mágicos a los que llamaron Momentos de espiritualidad amazónica. El día 19 la Pachamama volvió aparecer en el blasfemo Vía Crucis amazónico, que tuvo lugar,  entre otros, en presencia del cardenal Pedro Barreto, vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica, organizadora de todos estos maléficos actos.

Finalmente, el día 21, unos valerosos católicos entraron en la iglesia profanada, se apoderaron de las estatuillas paganas de la Pachamama y las arrojaron al Tiber. «El gran error ha sido meter ídolos en la Iglesia –ha afirmado el cardenal Gerhard Müller– y no sacarlos, porque según la ley de Dios –el Primer Mandamiento-, la idolatría es un pecado grave y no hay que mezclarlos con la liturgia cristiana. Sacarlos, arrojarlos, puede ser contrario a la ley humana, pero meter ídolos en la iglesia ha sido un pecado grave, una infracción de la ley divina» https://infovaticana.com/2019/10/28/muller-el-gran-error-ha-sido-meter-idolos-en-la-iglesia/. Pero este 25 de octubre, hablando en el aula del Sínodo casi en respuesta a Müller, el papa Francisco manifestó que se había sentido ofendido, pero no por la profanación, sino por quienes trataron de interrumpir dicha profanación: «Buenas tardes. Me gustaría decir unas palabras sobre las estatuas de la Pachamama que fueron retiradas de la iglesia de la Transpontina, que estaban allí sin intenciones idolátricas y fueron arrojadas al Tíber. Primero que nada, esto sucedió en Roma, y como obispo de la diócesis pido perdón a las personas que se hayan sentido ofendidas por este gesto».

Uno de los pocos obispos que tienen hoy en día valor para decir la verdad, monseñor Athanasius Schneider, ha declarado por el contrario que «la reacción   onesta   y cristiana al baile alrededor de la Pachamama, el nuevo Becerro de Oro, en el Vaticano debería consistir en una protesta digna, una corrección de este error y, sobre todo, en actos de reparación. Con lágrimas en los ojos y una tristeza sincera en el corazón, se deben ofrecer a Dios oraciones de intercesión y reparación por la salvación eterna del alma del papa Francisco, el Vicario de Cristo en la Tierra, y la salvación de esos sacerdotes y fieles católicos que perpetraren tales actos de adoración, que están prohibidos por la Revelación Divina».